Una mente ocupada (en lo que no debería)

Hoy estoy demasiado agotada. A estas horas, cualquier día, estaría preparándome para ir al gimnasio, pero no puedo con mi alma, así que toca hacerse un té, ponerse música, darse una ducha calentita y pasar de todo.

Pasar de todo menos de ti.

Mi entrada de blog ayer fue una oda al miedo. Nadie me está haciendo daño ahora mismo, o al menos eso quiero pensar.

La realidad es que he conocido a alguien a quién nunca hubiera pensado que fuera a conocer, ya que fue todo una verdadera casualidad. Esta persona me da los buenos días, las buenas noches, me cuenta lo que hace durante el día, me pregunta qué tal estoy, me dice cosas bonitas y muestra cierta preocupación por mí.

Es algo precioso, ¿verdad?

Sí, lo es. Pero el miedo ya ha dominado mi cerebro por tantas veces fallidas, por tanto caos, además tan reciente. Conoces a una persona así y no se te puede pasar por la cabeza que algo bueno pueda salir de todo esto porque te inunda el pánico. Lees todas esas cosas bonitas y te encuentras en una lucha entre creértelas o echarte atrás y no sentir. Porque cuando notas que empiezas a sentir, lo primero que piensas es: “Oh, oh”. Porque parece esa fase tan bonita de los comienzos, pero ya no puedes llegar a plantearte que sea un comienzo, sino algo que terminará una vez más.

Por desgracia, algo dentro de mí me hace mantener la esperanza, me hace ilusionarme cuando te leo y me dices todas esas cosas que hacía tanto tiempo que no me decían.

Me gusta pensar que es el comienzo de algo bonito.

Seguramente, un error.

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3 respuestas a “Una mente ocupada (en lo que no debería)

  1. No tengas miedo a vivir. No dejes que los fantasmas del pasado ganen ésta batalla. Vive con los brazos abiertos todas las experiencias que tengas que vivir con este muchacho, no te dejes nada en el tintero, ni una sola sensación. Haz que cada momento con él sea único, disfruta de la vida con él, abandónate al cosquilleo de saber que ahora sois dos y no uno. No reniegues de esas mariposillas, antes al contrario saboréalas porque eso Alicia, en mi opinión es el sabor de la vida. Sería una necedad negarse a ese torrente de vida…

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  2. Los errores, los desaciertos, las derrotas, son inevitables en esta vida; sin embargo, si dejamos que eso nos vuelva miedosos, de tal manera que cuando nos abaten dudamos en volver a intentarlo, nos estamos condenando a una vida de arrepentimiento. Las mejores lecciones que podemos llegar a aprender surgen de nuestros errores y fracasos. Ánimo! 😀

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